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Verdugo
«¡Gracias, Dios! No sólo tengo permiso para matar, ¡es que encima me pagan por ello!»
~ un verdugo sobre su trabajo.
El ejecutor de los deseos del Señor, particularmente los que implican matar a gente en medio de la plaza del pueblo.
Orígenes
En tiempos medievales el Señor del Castillo tenía muchos enemigos. Además era responsable de hacer que se respetaran los derechos y deberes de los vasallos y plebeyos. Esto incluía cosas tan importantes como el derecho de pernada: poder dormir en casa de cualquier vasallo y de paso hacerle el seso a la mujer más apetecible que encontrara. Pero no todo el mundo cumplía las reglas, por algún extraño motivo. De forma que el Señor tuvo que buscar a alguien que hiciera cumplir los inevitables castigos.
Ese alguien era el verdugo: un personaje poco querido por el resto de los paisanos, aunque secretamente se le apreciaba por el espectáculo que daba. Efectivamente, las ejecuciones públicas eran respiros de la vida cotidiana que se agradecían por más chungos que fueran. Algo así como Noche de Fiesta o cualquier otro programa de José Luis Moreno hoy día. (Muchos preferiríamos ver cómo decapitan al propio Moreno, lo que lo hace aún más parecido al verdugo).
Vestimenta
El odio del pueblo llevaba a estos dicharacheros personajes a tener que esconder su profesión; de ahí que normalmente llevaran capucha. Era en realidad una tontería: el día de la ejecución solía estar todo el pueblo, así que sólo había que ver quién no iba ese día para saber quién era el verdugo. Hay que ser membrillo, joder.
El llevar el pecho al descubierto parece que no era otra cosa que ganas de fardar de pectorales: había que ponerse cachas para optar a la plaza, igual que hoy día para ser bombero. El resto de prendas, de cuero, ayudaban a imponer respeto al populacho.
El verdugo hoy
Hoy día el oficio de verdugo se está perdiendo en muchos sitios, lamentablemente.
Europa
No hay muchas oportunidades para un buen verdugo en Europa. Francia, antaño paraíso del guillotinador, es hoy un país soso que sólo encarcela y tortura. Lo mismo podemos decir de Inglaterra con la tradicional horca. La hoguera, que durante la Edad Media hacía horas extras, hoy permanece triste y callada sin nadie que le dé candela.
Hace algunas décadas España era uno de los reductos de esta profesión: se usaba para ello el garrote vil, muestra sublime de la tecnología española. Su aplicación indolora era todo un arte. Tras la muerte del puto enano se abolió la pena de muerte.
En toda Europa hoy día sólo podemos esperar trabajar en plan freelance en algunos países ex-soviéticos; y ni por esas se nos asegura un buen jornal.
Latinoamérica
Hace unos años el subcontinente hispano era un hervidero de ejecuciones sumarísimas, golpes de estado, guerrillas y en general situaciones favorables a los verdugos. De nuevo, hoy día el panorama es desolador; ni siquiera los dictadores más tiranos se atreven a firmar más que algunas condenas a cadena perpetua. Las escuelas de verdugos ya no prometen un 90% de aprobados como en los buenos tiempos.
La cosa, en general, está muy malita.
USA
En yankilandia el verduguismo sigue en pleno auge. Las posibilidades de carrera para un verdugo medio bueno son allí muy prometedoras, no como en el atrasado mundo hispano: se puede trabajar a destajo, desarrollarnos profesionalmente y aprender nuevas técnicas (desde el fusilamiento a la silla eléctrica, pasando por la horca y la inyección letal). Además, por si fuera poco, podemos aumentar nuestros ingresos colaborando con la iniciativa privada (ver Mafia).
Para iniciarse en el verduguismo en la meca de las ejecuciones conviene adquirir cierta práctica en un matadero de vacas. A continuación pasaremos una temporada perfeccionándonos con bebés de foca ártica en tierras canadienses. Estas alimañas nos quitarán cualquier sensiblerío latente que podamos tener escondido. Ya estaremos listos para probar con nuestro primer prisionero, que es siempre el más difícil; si superamos ese momento nuestra carrera no tendrá límites.
África
El continente donde se originó la humanidad sigue teniendo muy buenas oportunidades para los verdugos. Lamentablemente sólo aceptan a locales en las oposiciones, situación que debe hablarse con el consulado para acabar con estas injusticias.
Asia
El subcontinente asiático presenta en muchos sitios un panorama desolador. La India, antaño paraíso de reyezuelos ejecutores, perdió todo su empuje asesino debido a la invasión británica y a sus pamplinas democráticas. Por suerte, la intervención de USA llevó a un intercambio cultural muy de desear, que desató oleadas altamente genocidas en sitios como Camboya o Vietnam. También la Rusia Soviética hizo lo que pudo con lugares remotos como Afganistán. Pero todo se va perdiendo.
Hoy día China es un ejemplo a seguir en la ejecución de sus compatriotas; un buen verdugo siempre puede ganarse un jornal. Esta luminaria nos muestra el camino a seguir, pero nosotros no le hacemos ni caso, ¡coño ya!